Nos pasamos gran parte de la vida tratando de definir cosas,
preguntándonos qué, cómo o porqué, tratando de justificarnos en cada acto,
movimiento, palabra, silencio… buscando
soluciones, o previniendo posibles problemas (Qué pereza todo ¿No?). Todo ello forma parte de un puzzle, que nos
obliga a encajar todas las piezas en el hueco correcto, el problema es que casi
nunca el hueco coincide con la pieza, bien porque somos un poco lerdos, o bien
porque la pieza no corresponde con ningún hueco. Obviando la primera opción, me explico: las
piezas es todo aquello que hacemos, el hueco es la definición de ese acto, la
justificación o el porqué. Estamos en ese punto en el que no podemos hacer nada
si esta no tiene una definición previa. No podemos hacer cosas solos porque si no,
no hemos estado, no podemos disfrutar de una relación, porque esto supone
explicar que tipo de relación estableces de las palabras ya establecidas, pero ¿Y
si no hay ninguna palabra que defina esa situación? No podemos sentir, sin
etiquetar el sentimiento. Hoy en día se
disfruta más de la explicación, de decir he hecho tal, que de hacerlo. Y en
este panorama se nos obliga a estar en el lugar que en teoría nos corresponde
en un momento ya establecido, sin tener
en cuenta que cada momento no tiene un lugar previo, sino, que está
condicionado a las circunstancias, y esto nos llega a producir un estrés
absurdo, que nos impide vivir el día a día con tranquilidad disfrutando de las
cosas en su medida según la situación y esperando a que cada cosa llegue sola
en el instante apropiado.
Y todo esto no viene a ser más que una progresión de una
sociedad cada vez más simplista, que ha encontrado en la palabra la facilidad
para afirmarse en sus propias convicciones e inseguridades, pues es más fácil
decir que hacer. En este panorama no está permitido disfrutar de las pequeñas
cosas, a no ser que la fotografíes y la subas inmediatamente al twitter y goces
de un orgásmico retweet de algo que igual no has hecho. Hemos llegado a un
punto en el que la gente es capaz de dejarse llevar fácilmente por masivos
estados de euforia incoherentes, pero incapaz de disfrutar de un atardecer.
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