Pasado ya unos meses, de las desgraciada muerte de Andrés Montes, creo que estoy en condiciones de hacer una valoración más fría, que no dejará de ser del todo subjetiva, de lo que fue.
Haría unos 10 años , cuando a mi casa llegó el plus, una mañana de domingo, haciendo zapping, llamaría mi atención, una voz bronca y quizás algo burlona, cantando un ritmo tan conocido como el de “dale a tu cuerpo alegría macarena” mayor fue mi sorpresa que al mirar la televisión, nada más lejos de la realidad, se trataba de un partido de baloncesto, acababa de nacer en mi, una afición y una idolatría hacia un deporte y su predicador, ese predicador, que consiguió hacerme llamar la atención con la macarena, no era otro, que Andrés Montes, ese genio bajo sospecha, que conseguía que las tres, cuatro o cinco de la mañana estuviera extasiado como en una feria.
Calva brillante y perfectamente rasurada, camisa chillona , quizás acompañada de una chaqueta , gafas redondas y pajarita. Ese era el mono de trabajo, de un genio con horario de superhéroe de la marvel, acompañado del robin perfecto, que no podía ser otro que Antoni Daimiel. Dentro del juego de la noche jugaban a intercambiarse los papeles, Andrés se atrevía con lo que no hubiera hecho en su quehacer diario, cuentan que en su vida diaria, era una persona tímida, desconfiada y algo borde. Sin embargo supo estar en el lugar que se exigía para ganarse su pan. Cómo el decía solo se trataba de un cantamañanas, pero su mérito fue el de saber vender la moto, como una gitana vende los ajos en el rastro, porque paradójicamente tenía una personalidad distante, pero cercana a la vez. Porque era como lavida, una contradicción constante, porque ese complejo de inferioridad que poseía desde niño, cuando un niño negro todavía era mirado de mala manera en la España franquista, lo trasladaba al baloncesto, porque siempre iba con el repudiado, siempre sentía admiración por los jugadores diferentes, porque iba con el blanco en un deporte de negros, porque iba con el bajito en un deporte de altos, gracias a el, jugadores, como boykins, barry, rodman, andersen o Jasón willians se convirtieron en nuestro jugadores favoritos, porque como el decía el talento siempre está bajo sospecha, esa sospecha bajo la que vivió constantemente asta el último día de su muerte. Se podrían decir muchas cosas más pero creo que solo he dicho lo justo.
Haría unos 10 años , cuando a mi casa llegó el plus, una mañana de domingo, haciendo zapping, llamaría mi atención, una voz bronca y quizás algo burlona, cantando un ritmo tan conocido como el de “dale a tu cuerpo alegría macarena” mayor fue mi sorpresa que al mirar la televisión, nada más lejos de la realidad, se trataba de un partido de baloncesto, acababa de nacer en mi, una afición y una idolatría hacia un deporte y su predicador, ese predicador, que consiguió hacerme llamar la atención con la macarena, no era otro, que Andrés Montes, ese genio bajo sospecha, que conseguía que las tres, cuatro o cinco de la mañana estuviera extasiado como en una feria.
Calva brillante y perfectamente rasurada, camisa chillona , quizás acompañada de una chaqueta , gafas redondas y pajarita. Ese era el mono de trabajo, de un genio con horario de superhéroe de la marvel, acompañado del robin perfecto, que no podía ser otro que Antoni Daimiel. Dentro del juego de la noche jugaban a intercambiarse los papeles, Andrés se atrevía con lo que no hubiera hecho en su quehacer diario, cuentan que en su vida diaria, era una persona tímida, desconfiada y algo borde. Sin embargo supo estar en el lugar que se exigía para ganarse su pan. Cómo el decía solo se trataba de un cantamañanas, pero su mérito fue el de saber vender la moto, como una gitana vende los ajos en el rastro, porque paradójicamente tenía una personalidad distante, pero cercana a la vez. Porque era como lavida, una contradicción constante, porque ese complejo de inferioridad que poseía desde niño, cuando un niño negro todavía era mirado de mala manera en la España franquista, lo trasladaba al baloncesto, porque siempre iba con el repudiado, siempre sentía admiración por los jugadores diferentes, porque iba con el blanco en un deporte de negros, porque iba con el bajito en un deporte de altos, gracias a el, jugadores, como boykins, barry, rodman, andersen o Jasón willians se convirtieron en nuestro jugadores favoritos, porque como el decía el talento siempre está bajo sospecha, esa sospecha bajo la que vivió constantemente asta el último día de su muerte. Se podrían decir muchas cosas más pero creo que solo he dicho lo justo.
Comentarios
Publicar un comentario