Las bicicletas si son para la radio

Recién escuchado “Las bicicletas son para el verano” de Fernando Fernán Gómez en su adaptación a Radio teatro llevada a cabo por Emma cohen para la SER, me dispongo a romper parámetros, pues son las 7 de la tarde y no soy de promulgarme a horas no intespectivas para escribir, pero el hecho me parecía de causa mayor.

La magia de la radio, la tan dichosa Magia de la radio, y como explicar la magia, pues los magos nunca rebelan sus trucos, por ello dejo a un lado lo abstracto pues mi objetivo al fin y al cabo es poder ganar radioescuchas cosa difícil si me dispongo a definirla como algo alejado.Tengo la suerte de ser de los pocos “frikis” de la radio, pues es difícil a mi edad en los jóvenes encontrar gente, que escuche realmente la radio más allá de los Paco González y de los De La Morena.

Pues si disponen a adentrarse un poco más en las parrillas de las distintas cadenas se darán cuenta de todo lo que la radio ofrece cuanto menos en cuanto al tema y contenidos de sus programas, temas que probablemente no estén al alcance de la televisión, debido a la distinta adaptación de los formatos, o por lo menos no con la misma profundidad e intimidad.

Tiendo a pensar de manera equivocada que la radio es para aquellos que valoran en lo propio, en lo íntimo, en la belleza de las pequeñas cosas un valor de relevancia mayor sobre los otros, pero solo hay que escuchar un poco la radio por las noches para darse cuenta que a ese grupo hay que añadir a los camioneros y vigilantes de seguridad, además de otro pequeño porcentaje de insomnes y otro de un pequeño grupo heterogéneo sin clasificar. La radio es información, es entretenimiento, es polémica, es un gran servicio público, pero sobre todo es imaginación, es capacidad de reflexión , es profundidad, es esa sensación de estar tumbado en una bañera a rebosar en pleno agosto con el agua templada y con los ojos cerrados sin pensar en nada durante tres cuartos de hora. La radio es como una buen vino, una buena comida que saboreas lentamente o como un huevo frito que te comes de golpe y cuya yema explota en tu paladar, porque no hay una radio, sino miles tantos como personas y tantos como estados de ánimos tiene una persona y su manera de degustarla y saborearla.

Para mí eso es la “Magia de la radio”, pero como ya comenté quizá el gran público desconoce la calidad de los contenidos de esta, que puesto al no asedio publicitario de estas, salvo en algunos casos, no están tan supeditados a la dictadura del Share, aun estándolo bastante.

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