Era un 7 de junio del año
2000 el día que el Unicaja anunciaba oficialmente la contratación
de uno de los jugadores con más carisma que han pasado por el
baloncesto malagueño, y este no era otro que Darren Phillip, el
jugador de la eterna sonrisa. Llegó de la mano de Danya Abrams y
juntos formarían la pareja de cuatros del equipo durante las dos
siguientes temporadas. DP como así es conocido venía de hacer
buenos números en su ciclo universitario con Fairfield, y su
pasaporte comunitario debido a su circunstancial nacimiento en
Londres, hicieron de él un fichaje apetitoso para un Unicaja que
quería volver a levantar cabeza y confirmar que las míticas
temporadas de mediados de los 90 no fueron flor de un día. Por la
puerta del Carpena se le podía ver como salido de un videoclip de
Jay-Z, con sus pantalones anchos, su camiseta dos tallas más grandes
y su gorra ligeramente desplazada a un lado con las iniciales DP
grabadas con brillantes, casi tan brillantes como su eterna sonrisa.
Darren no venía a hacer historia y probablemente no la hizo, pero si
vino a dejar huella. Neoyorquino (aunque no de nacimiento) Darren
Phillip, como tantos otros es un enamorado de su ciudad, a la que no
duda en volver siempre que puede, la ciudad del Madison, del Rucker
Park, de Spike Lee, o de Harlem, la ciudad del baloncesto. Ese
baloncesto del que DP quedaría prendado, el de la calle ,el de
hormigón y redes de metal, el del playground, pues más allá de lo
que muchos puedan pensarse DP es un reconocido jugador en el basket
callejero de la ciudad de los rascacielos, es habitual verle disputar
ligas de verano como la Rucker Park League, la más importante del
mundo y compartir cancha con estrellas de primer nivel NBA como Kobe
o Vince Carter. Phillip pasaría sus dos primeras temporadas en
Málaga sin mucho brillo para ser cedido en la tercera a Girona en
las que mejoró sus números para volver a la siguiente a un Unicaja
sin Maljkovic y a un proyecto ya tocado desde su inicio con la
dimisión del entrenador Paco Alonso y la espantada de Victor
Alexander. No importa que jugara poco DP siempre estaba ahí,
equipado con la toalla en una mano y la cantimplora de gatorade en la
otra (sí, hubo un tiempo en el que se bebía gatorade en la ACB),
este arengaba y daba ánimos como el que más. Fue un jugador que en
lo deportivo pasó sin pena ni gloria por Málaga, pero no importa,
porque DP era ese tipo nunca dejaba de sonreír, el colega perfecto,
el de los abrazos del oso a Chicui en las presentaciones, el que una
vez en medio de un partido se tiró a por un balón a la segunda fila
y con el partido en juego corrió por detrás de los banquillos para
volver al campo para que al unísono todo el Carpena coreara su
nombre, el que ponía paz cuando el ambiente se caldeaba. El loco
Phillip como también se le llamaba era un tipo encantador. Más
tarde pasó por Cajasol y se consagró como jugador en Zaragoza con
muy buenos años en LEB en los que se convirtió en un referente de
la Liga para ascender con el equipo y volver a la ACB, después
volvería a la LEB, volaría a la Liga Argentina y la temporada que
viene la jugará con el Piratas de Quebradillas de Puerto Rico.
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